De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna —Escucha un momento, Miguel —respondió Barbicane—; si quieres hacer de Gulliver, no visites más que los planetas inferiores, como Mercurio, Venus o Marte, cuya masa es menor que la de la Tierra. Pero no te arriesgues a visitar los planetas grandes, como Júpiter, Saturno, Urano o Neptuno, porque entonces se trocarÃan los papeles, y serÃas, tú el liliputiense.
“En el Sol, si su densidad es cuatro veces menor que la de la Tierra; su volumen es unas trescientas veinticinco mil veces mayor y la atracción veinticinco veces más fuerte que en la superficie de nuestro globo. De manera que guardadas todas las proporciones, los habitantes deberÃan tener, por término medio, doscientos pies de altura.
—¡Demonio! —exclamó Miguel—. Allá no serÃa yo más que un pigmeo.
—Gulliver entre los gigantes —dijo Nicholl.
—Cabalmente —dijo Barbicane.
—Y no serÃa inútil llevar piezas de artillerÃa para defenderse.
—¡Bah! —replicó Barbicane—. Tus balas no harÃan efecto alguno en el Sol y caerÃan al suelo a los pocos metros.
—¡Qué cosa más rara! Se me antoja una fantasÃa.