De la Tierra a la Luna

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Era una lástima que Barbicane no hubiera podido emplear para amortiguar el golpe los medios que tan bien habían atenuado el choque de salida, es decir, el agua empleada como muelle, y los tabiques movibles. Los tabiques resistían, pero faltaba el agua, ya que no se podía emplear en aquella mole la que quedaba, ya que era indispensable para el caso que les faltase en los primeros días de estancia en el suelo lunar.

Es más, aquel repuesto habría sido insuficiente para servir de muelle; porque la capa de agua encerrada en el proyectil al tiempo de su partida y en que descansaba el disco impermeable, no ocupaba menos de tres pies de altura en una superficie de cincuenta pies cuadrados; medía seis metros cúbicos de volumen y pesaba cinco mil setecientos cincuenta kilogramos; mientras que los recipientes no contenían ni la quinta parte. Por consiguiente, había que renunciar a este medio de amortiguar el choque de llegada.

Por fortuna, Barbicane, no contento con emplear el agua, había provisto al disco movible de topes de muelle destinados a debilitar el choque contra el fondo cuando desaparecieron los tabiques horizontales. Estos topes existían todavía, y bastaba apretarlos y colocar en su sitio el disco movible. Todas aquellas piezas, fáciles de manejar, porque su peso era apenas sensible, podían volver a montarse rápidamente.


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