De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna —SÃ, amigo Nicholl; pero por poco que fuera, en una distancia de ochenta y cuatro mil leguas, no hacÃa falta más para apartarnos de nuestro camino.
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Sin duda habÃa comprendido Barbicane la verdadera causa de aquella desviación; por pequeña que fuera, bastante para modificar la trayectoria del proyectil. Era una lástima; la tenaz tentativa abortada por una circunstancia enteramente casual, y de no sobrevenir acontecimientos excepcionales no podÃan llegar al disco lunar los viajeros. ¿PasarÃan, sin embargo, lo bastante cerca para poder resolver ciertos problemas de fÃsica o de geologÃa, no resueltos aún? Esto era lo único que preocupaba ya a los atrevidos viajeros. En cuanto a la suerte que lo por venir les reservaba, ni siquiera querÃan pensar en ella. No obstante, ¿qué serÃa de ellos en medio de aquellas soledades infinitas, y cuándo el aire iba a faltarles de un momento a otro?
