De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna —Ciento cuarenta grados centÃgrados bajo cero —exclamó. Pouillet tenÃa razón contra Fourier. Ésta era la horrible temperatura de los espacios siderales. Ésta quizá la de los continentes lunares cuando el astro de la noche ha perdido por irradiación el calor recibido en los quince dÃas del Sol.
XV
Acaso sorprenda al lector ver a Barbicane y a sus compañeros tan poco preocupados del porvenir que les aguardaba en aquella prisión de metal arrastrados por los espacios infinitos del éter. En lugar de pensar a dónde iban, pasaban el tiempo haciendo experimentos, como si se encontraran en su gabinete de estudio.
A esto podrÃamos responder que hombres de un temple tan superior no se tomaban tales cuidados ni se apuraban por tan poca cosa, sino que pensaban en otras de más importancia para ellos que su suerte futura.
Verdad es que no eran dueños de su proyectil ni podÃan variar la marcha ni su dirección.
