De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna Este cambio consistÃa en que la base del proyectil se habÃa inclinado hacia la superficie de la Luna y se mantenÃa en la dirección de una perpendicular que pasaba por su eje. La atracción, es decir, la gravedad, habÃa producido esta modificación. La parte más pesada del proyectil se inclinaba hacia el disco invisible, exactamente como si hubiera caÃdo hacia él.
¿CaerÃa, en efecto? ¿IrÃan a alcanzar por fin los viajeros su tan deseado objeto? No. Y la observación de un punto de mira bastante explicable por otra parte vino a demostrar a Barbicane que su proyectil no se aproximaba a la Luna, y que se separaba siguiendo una curva casi concéntrica.
Dicho punto de mira fue un rayo de luz que Nicholl señaló de repente sobre el lÃmite del horizonte, formado por el disco negro, y que no podÃa confundirse con una estrella. Era una incandescencia rojiza que aumentaba de volumen poco a poco, prueba incontestable de que el proyectil se aproximaba a él y no caÃa normalmente en la superficie del astro.
—¡Un volcán! Es un volcán en actividad —exclamó Nicholl—; un derrame de los fuegos interiores de la Luna. Este mundo no está aún completamente muerto.
—¡SÃ, una erupción! —dijo Barbicane, que observaba cuidadosamente el fenómeno con el anteojo de la noche.
¿Qué podrÃa ser, si no fuera un volcán?