De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna Aparecen sobre su arista, caprichosamente contorneada, resplandecientes planicies, tales como las ha señalado el padre Secchi, Barbicane pudo estudiar su naturaleza con más certidumbre que el ilustre astrónomo romano.
—Eso son nieves —exclamó Miguel.
—¿Nieves? —repitió Nicholl.
—¡SÃ, Nicholl! Nieves cuya superficie está profundamente helada. Ved cómo reflejan los rayos luminosos. Lavas petrificadas no producirÃan una refracción tan intensa. Hay, pues, agua y aire en la Luna; será en poca cantidad si se quiere, pero el hecho es innegable. Asà era, en efecto. Y si Barbicane volvÃa a la Tierra confirmarÃan sus notas, este hecho de tanta importancia en las observaciones selenográficas.
Los montes Doerf el y Leibniz se elevan en medio de llanuras de mediana extensión limitadas por una serie indefinida de circos y de murallas anulares. Estas dos cordilleras son las únicas que hoy se encuentran en la región de los circos. Pero quebradas relativamente, proyectan en varias direcciones algunos picos agudos, cuya cumbre más elevada mide 7,603 metros. Pero el proyectil dominaba todo este conjunto y el relieve desaparecÃa en el intenso resplandor del disco.