De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna —Porque tenemos un medio bien sencillo de retardar esa velocidad que nos aleja de la Luna y no lo empleamos.
—¿Qué medio es ése?
—Utilizar la fuerza de retroceso de nuestros cohetes.
—Verdad es que no hemos aprovechado esa fuerza —respondió Barbicane—, pero la aprovecharemos.
—¿Cuándo? —preguntó Miguel.
—Cuando llegue el momento oportuno. Notad, amigos, que en la posición actual del proyectil, posición oblicua todavÃa respecto del disco lunar, nuestros cohetes, modificando su dirección podrÃan apartarlo en vez de aproximarlo. a la Luna. Ahora bien, ¿quieren llegar a la Luna?
—¡Qué duda cabe! —replicó Miguel.
—Pues esperen. Por efecto de una influencia inexplicable, el proyectil se inclina a volver su fondo hacia la Tierra. Es probable que en el punto de atracción igual su vértice cónico se dirija enteramente hacia la Luna. En aquel momento se puede esperar que su velocidad sea nula. Aquél será el instante de obrar, y bajo el impulso de nuestros cohetes, quizá podremos provocar una caÃda directa a la superficie del disco lunar.
—¡Bravo! —exclamó Miguel.