De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna Ya el vértice cónico del proyectil se hallaba sensiblemente vuelto hacia el disco lunar; y la posición permitÃa utilizar perfectamente todo el retroceso producido por el empuje de los cohetes. Las probabilidades se volverÃan favorables a los viajeros. Si la velocidad del proyectil quedaba enteramente anulada en aquel punto muerto, bastarÃa un movimiento determinado hacia la Luna, por ligero que fuera, para determinar su caÃda.
—La una menos cinco minutos —dijo Nicholl.
—Todo está listo —dijo Miguel Ardán, acercando una mecha preparada la llama del gas.
—¡Espera! —dijo Barbicane, que tenÃa en la mano su cronómetro. En aquel momento no se dejaba sentir la gravedad, y los viajeros notaban en sà mismos aquella completa desaparición. Estaban inmediatos al punto neutral, si no en él mismo.
—¡La una! —dijo Barbicane.