De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna —Veintiún mil setecientos sesenta y dos pies —contestó el teniente apuntando esta cifra en su cuaderno de observaciones.
—Bien, Bronsfield —dijo el capitán—, voy a trasladar este resultado a mi mapa. Ahora mandad que suban a bordo la sonda. Mientras se lleva a cabo esta operación, que enciendan las hornillas, y asà estaremos dispuestos a partir cuando vos concluyáis. Son las diez de la noche, y, con vuestro permiso, teniente, voy a acostarme.
—¡Háganlo, caballero, háganlo! —respondió el teniente Bronsfield. El capitán de la Susquehanna, un valiente entre los valientes, tomó su ponche, que valió
interminables muestras de satisfacción al repostero; se acostó, rÃo sin antes felicitar a su criado por lo bien acondicionado del lecho, y se durmió con apacible sueño. Eran las diez de la noche. El dÃa 11 de diciembre concluÃa con una noche magnÃfica. La Susquehanna, corbeta de 500 caballos de la marina nacional de los Estados Unidos, se ocupaba en hacer sondeos en el PacÃfico, a 100 leguas aproximadamente de la costa americana, hacia la altura de esta penÃnsula prolongada que se dibuja en la costa de Nuevo México.