De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna Poco a poco había cesado el viento, y nada agitaba las capas del aire. El gallardete de la corbeta colgaba inerte, inmóvil, sobre el mastelero del juanete. El capitán Johnathan Blomsberry, uno de los más ardientes socios del “Gun-Club”, casado con una Horschbidan, tía del capitán e hija de un honrado negociante de Kentucky; el capitán Blomsberry, decimos, no hubiera podido desear mejor tiempo para conducir con un buen resultado sus delicadas operaciones de sondeo. Su corbeta no había sufrido ninguno de los efectos de la enorme tempestad que barriendo las nubes amontonadas sobre las Montañas Rocosas permitió observar la marcha del famoso proyectil.
Todo marchaba a su gusto, y no olvidaba dar gracias al cielo con todo el fervor de un clérigo. La serie de sondeos verificados por el Susquehanna tenía por objeto reconocer los fondos más favorables para atender un cable submarino que pusiera en comunicación la isla Hawai con la costa americana.