De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna El 23 de diciembre, a las ocho de la mañana, después de una rápida travesía, la Susquehanna debía hallarse en el sitio del siniestro; pero fue preciso esperar hasta el mediodía para obtener la altura con exactitud; la boya que sujetaba la sonda no se había visto. A las doce, el capitán Blomsberry, ayudado de sus oficiales, que verificaban la observación, tomó la altura en presencia de los delegados del “Gun-Club”. Hubo entonces un momento de ansiedad. Determinada la situación de la Susquehanna, resultó hallarse unos cuatro minutos al Oeste del sitio en que el proyectil había desaparecido en el agua tras la estrepitosa caída.
Se dio, pues, a la corbeta, el rumbo necesario para llegar a aquel punto. A las doce y cuarenta y siete minutos, se encontró la boya, que se hallaba en buen estado y debía haber derivado un poco.
—¡Por fin! —exclamó J. T. Maston.
—¿Empezamos? —preguntó el capitán Blomsberry.
—Sin perder un instante —respondió J. T. Maston.