De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna -Mis queridos colegas -dijo-, estamos abocados a dar solución a uno de los más importantes problemas de la balística, la ciencia por excelencia, que trata del movimiento de los proyectiles, es decir, de los cuerpos lanzados al espacio por una fuerza de impulsión cualquiera y abandonados luego a sí mismos.
-¡Oh! ¡La balística! ¡La balística! -exclamó J. T. Maston con voz conmovida.
-Tal vez hubiera parecido más lógico -repuso Barbicane-dedicar esta primera sesión a la discusión del cañón...
-En efecto -respondió el general Morgan.
-Sin embargo -repuso Barbicane-, después de maduras reflexiones, me ha parecido que la cuestión del proyectil debía preceder a la del cañón, y que las dimensiones de éste debían subordinarse a las de aquél.
-Pido la palabra -lijo J. T. Maston.
Se le concedió la palabra con la prontitud y espontaneidad a que le hacía acreedor su magnífico pasado.
-Mis dignos amigos -dijo con acento inspirado-, nuestro presidente tiene razón en dar a la cuestión del proyectil preferencia sobre todas las otras. La bala que vamos a enviar a la Luna es nuestro mensajero, nuestro embajador, y os suplico que me permitáis considerarlo bajo un punto de vista puramente moral.