De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna Esta manera nueva de examinar un proyectil excitó singularmente la curiosidad de los miembros de la comisión, por lo que escucharon con la más viva atención las palabras de J. T. Maston.
-Mis queridos colegas -repuso éste-, seré breve. Dejaré a un lado la bala fÃsica, la bala que mata, para no ocuparme más que de la bala matemática, la bala moral. La bala es para mà la más brillante manifestación del poder humano; éste se resume enteramente en ella: creándola es como el hombre se ha acercado más al Creador.
-¡Muy bien! -dijo el mayor Elphiston.
-En efecto -exclamó el orador-, si Dios ha hecho las estrellas y los planetas, el hombre ha hecho la bala, este criterio de las velocidades terrestres, esta reducción de los astros errantes en el espacio, que en definitiva tampoco son más que proyectiles. ¡A Dios corresponde la velocidad de la electricidad, la velocidad de la luz, la velocidad de las estrellas, la velocidad de los cometas, la velocidad de los planetas, la velocidad de los satélites, la velocidad del sonido, la velocidad del viento! ¡Pero a nosotros la velocidad de la bala, cien veces superior a la de los trenes y a la de los caballos más rápidos!
J. T. Maston estaba en éxtasis: su voz tomaba acentos lÃricos cantando este himno sagrado a la bala.