De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna -¿Queréis cifras? -repuso-. ¡Os las presentaré elocuentes! Fijaos sencillamente en la modesta bala de veinticuatro: si bien corre con una velocidad ochocientas mil veces menor que la de la electricidad, seiscientas cuarenta mil veces menor que la de la luz, y setenta y seis veces menor que la de la Tierra en su movimiento de traslación alrededor del Sol, sin embargo, al salir del canon, excede en rapidez al sonido, avanza 200 toesas por segundo, 2.000 toesas en diez segundos, 14 millas por minuto (6 leguas), 840 millas por hora (360 leguas) y 20.100 millas por dÃa (8.640 leguas), es decir, la velocidad de los puntos del ecuador en el movimiento de rotación del globo, que es de 7.336.500 millas por año (3.155.760 leguas).
TardarÃa, pues, once dÃas en trasladarse a la Luna, doce años en llegar al Sol, trescientos sesenta años en alcanzar a Neptuno, en los lÃmites del mundo solar. ¡He aquà lo que harÃa esta modesta bala, obra de nuestras manos! ¿Qué será, pues, cuando haciendo esta velocidad veinte veces mayor la lancemos a una rapidez de 7 millas por segundo? ¡Bala soberbia! ¡Espléndido proyectil!
¡Me complazco en pensar que serás allá arriba recibida con los honores debidos a un embajador terrestre!
Entusiastas hurras acogieron esta retumbante peroración, y J. T. Maston, muy conmovido, se sentó entre las felicitaciones de sus colegas.