De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna -¿Será suficiente? -preguntó el mayor con un ademán dubitativo.
-No, evidentemente, no -respondió el presidente Barbicane.
-¿Qué se hace, pues? -repuso Elphiston bastante perplejo.
-Emplear otro metal.
-¿Cobre?--dijo Morgan.
-No; es aún demasiado pesado, y os propongo otro mejor.
-¿Cuál? -dijo el mayor.
-El aluminio -respondió Barbicane.
-¿Aluminio? -exclamaron los tres colegas del presidente.
-Sin duda, amigos míos. Ya sabéis que un ilustre químico francés, Henry Sainte-Claire Deville, llegó en 1854 a obtener el aluminio en masa compacta. Este precioso metal time la blancura de la plata, la inalterabilidad del oro, la tenacidad del hierro, la fusibilidad del cobre y la ligereza del vidrio. Se trabaja fácilmente, abunda en la naturaleza, pues la alúmina forma la base de la mayor parte de las rocas; es tres veces más ligero que el hierro, y parece haber sido creado expresamente para suministrarnos la materia de que se ha de componer nuestro proyectil.