De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna -Mi amigo Maston se chancea hasta en las ocasiones más solemnes -replicó el mayor-; pero tranquilizaos. No tardaré en proponerle cantidades de pólvora que dejarán satisfecho su amor propio de artillero. Pero tenÃa interés en dejar consignado que durante la guerra, la experiencia demostró que para cargar piezas de mayor calibre, el peso de la pólvora podÃa reducirse perfectamente a una décima parte del que tiene la bala.
-No hay nada más exacto -dijo Morgan-. Pero antes de determinar la cantidad de pólvora necesaria para dar el impulso, opino que convendrÃa ponernos de acuerdo sobre su naturaleza.
-Emplearemos la pólvora de grano grueso -respondió el mayor-, porque su deflagración es más rápida que la de la pólvora fina.
-Sin duda -replicó Morgan-. Pero se desmenuza más fácilmente y altera el ánima de las piezas.
-Lo que serÃa un inconveniente para un cañón destinado a un largo servicio pero no para nuestro columbiad. No corremos riesgo alguno de explosión, y necesitamos que la pólvora se inflame instantáneamente para que su efecto mecánico sea completo.
-PodrÃamos -dijo J. T. Maston-abrir varios agujeros para aplicar el fuego a un mismo tiempo a distintos puntos.