De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna -Ochocientas mil -exclamó J. T. Maston.
Esta vez, Elphiston no se atrevió a calificar a su colega de exagerado. En efecto, se trataba de enviar a la Luna un proyectil de veinte mil libras, dándole una fuerza inicial de doce mil yardas por segundo. Siguió a la triple proposición hecha por los tres colegas un momento de silencio. El presidente Barbicane lo rompió.
-Mis bravos camaradas -dijo con voz tranquila-, yo parto del principio de que la resistencia de nuestro cañón, construido en las condiciones requeridas, es ilimitada. Voy, pues, a sorprender al distinguido J. T. Maston diciéndole que ha sido tímido en sus cálculos, y propongo doblar sus ochocientas mil libras de pólvora.
-¿Un millón seiscientas mil libras? -exclamó J. T. Maston saltando de su asiento.
-Como lo digo.
-Pero entonces fuerza será recurrir a mi cañón de media milla de longitud.
-Es evidente-dijo el mayor.