El Archipiélago en llamas
El Archipiélago en llamas La Syphanta, corbeta de segundo rango, llevaba en baterÃa veintidós cañones de 24, y, sobre la cubierta —aunque entonces fuese raro en los navÃos de esta clase—, seis carronadas de 12. De roda esbelta en la popa y de gálibos realzados, podÃa rivalizar con los mejores buques de la época. Sin fatigar, cualquiera que fuese la marcha, lenta en los balanceos, avanzando admirablemente todo a ceñir como los buenos veleros, no habrÃa sido un problema para ella mantener izados, con viento fuerte, incluso los sobrejuanetes. Su comandante, si era un marino osado, podÃa desplegar velas sin temer nada. La Syphanta no habrÃa volcado más de lo que lo hubiera hecho una fragata. HabrÃa roto su arboladura antes de irse a pique con las velas altas desplegadas. De ahà la posibilidad de imprimirle, incluso con mar agitado, una gran velocidad. De ahà también las grandes probabilidades que tenÃa de salir con bien del aventurado viaje al cual la habÃan destinado sus armadores, aliados contra los piratas del Archipiélago.