El Archipiélago en llamas
El Archipiélago en llamas —¡En tres!
—¡Hecho! ¡Y que tu vino entre por mi gaznate tan fácilmente como el agua le entra a él por los agujeros del casco!
—¡Se hunde!… ¡Se hunde!…
—¡MÃralo! ¡Ya le llega hasta la cintura…, y espera, que pronto le llegará por encima de la cabeza!
—¡Y mira a todos esos hijos del diablo cómo saltan para salvarse a nado!
—¡Bueno! ¡Si prefieren la soga al cuello a ahogarse en el agua, no hay que contrariarlos!
Y, en efecto, el mÃstico se hundÃa poco a poco. Por eso, antes de que el agua hubiese alcanzado las batayolas, la tripulación se habÃa lanzado al mar, para tratar de llegar hasta algún otro barco de la flotilla.
¡Pero éstos tenÃan otras preocupaciones que la de ocuparse de recoger a los supervivientes del mÃstico! Ahora buscaban solamente la manera de huir. De modo que todos aquellos miserables se ahogaron sin que se hubiese lanzado un solo cabo para subirlos a bordo.
Por otra parte, la segunda andanada de la Syphanta fue enviada, esta vez, contra uno de los chermes que se ofrecÃa a su vista de través, y lo desmanteló completamente. No hizo falta más para destruirlo. Pronto, el cherme habÃa desaparecido en medio de una cortina de llamas que media docena de balas rojas acababan de encender bajo su cubierta.