El Archipiélago en llamas
El Archipiélago en llamas Al ver este resultado, los otros dos barcos pequeños comprendieron que no conseguirÃan defenderse de los cañones de la corbeta. Era incluso evidente que dándose a la fuga no tendrÃan ninguna oportunidad de escapar de un navÃo tan veloz.
Por eso, el capitán del bergantÃn tomó la única medida que se podÃa tomar, si querÃa salvar a sus tripulaciones. Les dio señal de concentrarse. En pocos minutos, los piratas se habÃan refugiado a bordo del bergantÃn, después de haber abandonado un mÃstico y un cherme, a los cuales habÃan prendido fuego y que no tardarÃan en saltar por los aires.
La tripulación del bergantÃn, reforzada asà en un centenar de hombres, se encontraba en mejores condiciones para aceptar el combate al abordaje, en caso de que no lograra escapar.
Pero, aunque su tripulación igualaba ahora en número a la tripulación de la corbeta, lo mejor que podÃa hacer era todavÃa buscar su salvación en la huida. Por eso, no dudó en aprovechar las cualidades de velocidad que poseÃa, para ir a buscar refugio en la costa otomana. AllÃ, su capitán sabrÃa agazaparse tan bien entre los escollos del litoral que la corbeta no podrÃa descubrirlo, ni seguirlo si lo descubrÃa.