El Archipiélago en llamas
El Archipiélago en llamas Entretanto, aquella aparición y desaparición de la sacoleva habÃa dado mucho que pensar a Henry d’Albaret. En efecto, las circunstancias en las cuales acababa de dejar Tasos no podÃan sino hacerla absolutamente sospechosa. ¿HabÃa querido aprovecharse del combate entre la corbeta y la flotilla para escapar con mayor seguridad? ¿TemÃa, pues, encontrarse con la Syphanta, que tal vez habÃa reconocido? ¡Un barco honrado hubiera permanecido tranquilamente en el puerto, puesto que los piratas ya sólo intentaban alejarse de allÃ! Por el contrario, la Karysta, a riesgo de caer en sus manos, se habÃa apresurado a aparejar y a hacerse a la mar. ¡Nada podÃa ser más sospechoso que aquella manera de actuar, y uno podÃa preguntarse si no estarÃa en connivencia con ellos! En realidad, no hubiese sorprendido al comandante d’Albaret que Nicolás Starkos fuese uno de los suyos. Por desgracia, prácticamente sólo podÃa contar con el azar para volver a encontrar su pista. La noche estaba por llegar y la Syphanta, volviendo hacia el sur, no habrÃa tenido ninguna oportunidad de encontrar la sacoleva. Asà pues, por más que Henry d’Albaret lamentara haber perdido aquella ocasión de capturar a Nicolás Starkos, tuvo que resignarse. HabÃa cumplido con su deber. El resultado de aquel combate de Tasos eran cinco navÃos destruidos sin que ello hubiese costado casi nada a la tripulación de la corbeta. Con ello quedarÃa tal vez garantizada, por algún tiempo, la seguridad en los parajes del Archipiélago septentrional.