El Archipiélago en llamas
El Archipiélago en llamas La cubierta de la corbeta estaba entonces totalmente invadida por la masa de los asaltantes. Apenas se oÃan algunas detonaciones. Los hombres se batÃan sobre todo con arma blanca y los gritos dominaban sobre el estruendo de la pólvora.
Los piratas, dueños ya del castillo de proa, habÃan acabado por ocupar todo el espacio hasta el pie del palo mayor. Poco a poco, rechazaban a la tripulación hacia la toldilla. Eran diez contra uno, al menos. ¿Cómo hubiera sido posible la resistencia? Si el comandante d’Albaret hubiera querido hacer saltar entonces la corbeta, tampoco habrÃa podido poner en práctica su proyecto. Los asaltantes ocupaban la entrada de las escotillas y de los cuarteles que daban acceso al interior. Se habÃan esparcido por la baterÃa y el entrepuente, donde la lucha continuaba con el mismo encarnizamiento. Llegar al pañol de la pólvora era ya algo impensable.
Además, por todas partes los piratas se imponÃan por su número. Sólo una barrera, hecha con los cuerpos de sus camaradas heridos o muertos, los separaba de la popa de la Syphanta. Las primeras filas, empujadas por las últimas, franquearon esa barrera, después de haberla hecho aún más alta amontonando en ella nuevos cadáveres. Luego, pisoteando aquellos cuerpos, con los pies cubiertos de sangre, se precipitaron al asalto de la toldilla.