El Chancellor
El Chancellor —SÃ, señor Kazallon —responde el señor Letourneur—, porque es la ley de la humanidad que uno se ayude a sà mismo. De todos modos, Andrés tiene razón al poner su confianza en Dios, porque, aunque el hombre aventurándose al mar hace un uso notable de las cualidades que le ha concedido la naturaleza, en este océano sin lÃmites, cuando los elementos se desencadenan, comprende lo frágil que es el buque que lo conduce y lo débil y desarmado que se encuentra él. Por eso, creo que la divisa del marino deberÃa ser ésta: confianza en sà mismo y fe en Dios.
—Evidentemente, señor Letourneur —he respondido—, y por lo mismo creo que hay pocos marinos cuya alma no sea profundamente religiosa.