El Chancellor
El Chancellor Y, mientras discurrimos de este modo, examinamos detenidamente las rocas que forman la base del islote, acabándonos de convencer de que su origen es reciente. En efecto, en sus paredes de basalto no hay una sola concha ni alga adheridas, hasta el extremo de que un naturalista no encontrarÃa en qué ocuparse en este amontonamiento de piedras, donde la naturaleza vegetal y animal no ha impreso todavÃa su sello. No hay aquà molusco ni hidrofitos alguno, el viento no ha traÃdo todavÃa un solo germen y las aves marinas no han buscado aún refugio en este islote, donde únicamente el geólogo puede encontrar materia para un estudio interesante examinando esta substrucción basáltica, que sólo presenta indicios de formación plutonianas.
En este momento vuelve nuestra canoa a la punta Sur de la isla en que se encuentra encallado el Chancellor y propongo a mis compañeros saltar a tierra.
—En el caso de que el islote esté llamado a desaparecer —dice riendo el joven Andrés—, bueno será que los hombres le hagan antes una visita.
Se aproxima la canoa y saltamos sobre la roca basáltica. Andrés va delante, porque el suelo es bastante practicable y el joven no necesita que se le dé el brazo para sostenerse. Su padre va algo detrás, cerca de mÃ, y los tres subimos por una pendiente suave, que conduce a la cima más alta del escollo.