El Chancellor
El Chancellor En un cuarto de hora recorremos esta distancia y los tres nos sentamos sobre el prisma basáltico que corona la roca más alta del islote. Andrés Letourneur saca un cuaderno de su bolsillo y comienza a dibujar el arrecife cuyos contornos se proyectan con claridad a nuestros ojos sobre el fondo verde de las aguas.
El cielo está puro, y la mar, baja a la sazón, deja al descubierto las últimas puntas que sobresalen al Sur, entre el estrecho paso seguido por el Chancellor antes de haber encallado.
La forma del escollo es muy extraña y exactamente análoga a la de un jamón de York, cuya parte central va elevándose hasta la tumefacción, en cuya cima hemos tomado asiento.
AsÃ, cuando Andrés concluye de trazar el perÃmetro del islote, su padre le dice:
—¡Pero hijo, no has dibujado otra cosa que un jamón!
—SÃ, padre —responde Andrés—, un jamón basáltico de un tamaño capaz de regocijar a Gargantúa; y, si el capitán Kurtis lo permite, daremos a este arrecife el nombre de Roca del Jamón.
—Realmente —digo yo— no puede dársele nombre que mejor le cuadre: ¡Escollo de la Roca del Jamón! Advertiremos a los navegantes que no se acerquen mucho, porque no tienen los dientes bastante duros para morderlo.