El Chancellor
El Chancellor —Por lo mismo, contramaestre, no se debe perder un instante —respondió Roberto Kurtis.
—Pero, capitán —dice Daoulas—, tenemos aquà trabajo para un mes. ¿No se podrÃa hacer saltar esta roca? A bordo tenemos pólvora.
—No será suficiente —responde el contramaestre.
La situación es gravÃsima. ¡Un mes de trabajo! Antes de un mes, el buque habrá sido completamente destruido por el mar.
—Tenemos algo mejor que la pólvora —dice entonces Falsten.
—¿Qué es ello? —Pregunta Roberto Kurtis, volviéndose hacia el ingeniero.
—Picrato de potasa —responde Falsten.
Efectivamente, tenemos la caja de picrato de potasa, embarcada por el desdichado Ruby. La sustancia explosiva que ha estado a punto de hacer volar el buque, podrá hacer saltar el escollo. Se perforará el basalto, y desaparecerá el dique.
La caja de picrato, como ya he dicho, estaba en el arrecife en lugar seguro, y es realmente una fortuna y hasta un suceso providencial que no haya sido arrojada al mar, cuando se la extrajo de la bodega.