El Chancellor
El Chancellor El capitán, que ha vuelto a subir al puente, manda poner de nuevo el buque popa al viento para fatigarlo menos y espera la llegada del dÃa.
Al amanecer se hace el sondeo y se verifica que hay tres pies de agua.
Miro a Roberto Kurtis. Una palidez fugitiva ha blanqueado sus labios, pero aún permanece tranquilo. Los pasajeros, algunos de los cuales han subido al puente, se enteran de lo que sucede, cosa que habrÃa sido difÃcil ocultarles.
—¿Una nueva desgracia? —Pregunta el señor Letourneur.
—Era de prever —responden—; pero debemos estar ya cerca de tierra, y espero que conseguiremos llegar a ella.
—¡Dios le oiga a usted! —Contesta mi interlocutor.
—¿Acaso está Dios a bordo? —Exclama Falsten encogiéndose de hombros.
—Está, sÃ, señor —responde la señorita Herbey.
El ingeniero, al oÃr aquella respuesta llena de encantadora fe, enmudece.