El Chancellor
El Chancellor Algunos marineros se refugian en los obenques lanzando gritos de terror. Al intentar seguirlos, una mano me detiene. El señor Letourneur, que me muestra a su hijo, mientras de sus ojos brotan gruesas lágrimas.
—Sà —le digo, estrechándole la mano—. Los dos lo salvaremos.
Pero antes que yo, Roberto Kurtis se ha aproximado a Andrés con el propósito de llevarlo a los obenques del palo mayor; pero en este momento el Chancellor se detiene dando una sacudida violenta.
El buque se hunde. El agua me llega a las piernas, e instintivamente echo mano a una cuerda; pero de repente se detiene la inmersión y, cuando el puente está ya a dos pies bajo el nivel del agua, queda inmóvil el Chancellor.
