El Chancellor
El Chancellor El primer cuidado de Roberto Kurtis, al detenerse el hundimiento del buque, ha sido hacer amainar en seguida todas las velas, y luego bajar las vergas y los mástiles de juanete para no comprometer la estabilidad del Chancellor, Tomadas estas precauciones, el hundimiento del buque se detendrá; ¿pero no puede zozobrar de un momento a otro? Me acerco a Roberto Kurtis y le pregunto acerca del porvenir del buque.
—No puedo saberlo —me responde tranquilamente—, porque depende del estado del mar. Lo cierto es que el buque está ahora en equilibrio; pero esta situación puede variar de un momento a otro.
—¿El Chancellor puede seguir navegando en el estado en que se encuentra, con dos pies de agua sobre el puente?
—No, señor Kazallon, pero puede derivar, impulsado por la corriente y el viento; y, si se mantiene asà durante algunos dÃas, llegará a un punto cualquiera de la costa. Por lo demás, tenemos como último recurso la balsa que se terminará dentro de breves horas, y en la que podremos embarcarnos cuando amanezca.
—¿No ha perdido usted, pues, toda esperanza? —pregunto, sumamente sorprendido, a Roberto Kurtis.