El Chancellor
El Chancellor —La esperanza jamás se pierde por completo, señor Kazallon, aun en las circunstancias más terribles. Todo lo que puedo decirle es que, si de cien probabilidades tenemos noventa y nueve en contra, debemos procurar aprovecharnos de la centésima. Además, si mi memoria no me es infiel, el Chancellor, medio sumergido, se encuentra precisamente en las condiciones en que estuvo la Juno, buque de tres palos, en 1795, el cual, durante más de veinte dÃas, se mantuvo suspendido entre dos aguas. Pasajeros y marineros habÃanse refugiado en las gavias, y, habiendo llegado a la vista de tierra, los que sobrevivieron a las fatigas y al hambre se salvaron. Este caso es muy conocido en los anales de la marina, y por esta razón lo recuerdo perfectamente. No hay, por consiguiente, razón alguna para que los sobrevivientes del Chancellor sean más desgraciados que los de la Juno.
Seguramente habrÃa mucho que objetar a este discurso de Roberto Kurtis, pero lo que resulta de sus palabras es que el capitán no ha perdido la esperanza por completo.
Sin embargo, puesto que las condiciones de equilibrio del barco pueden modificarse a cada momento, es preciso abandonar lo antes posible el Chancellor. Por consiguiente se decide que mañana, cuando el carpintero haya concluido la balsa, nos embarquemos todos en ella.