El Chancellor
El Chancellor El padre adora a aquel hijo, en quien parece que tiene toda su vida reconcentrada. La enfermedad nativa del joven le hace padecer más que al mismo paciente, y acaso le pide perdón por ella. Su afecto hacÃa Andrés es de todos los instantes; no lo abandona, espÃa sus menores deseos y sus menores actos; y sus brazos, que pertenecen más al hijo que a él mismo, lo rodean y lo sostienen cuando el joven se pasea por el puente del Chancellor.
El señor Letourneur, que ha simpatizado mucho conmigo, me habla continuamente de su hijo.
—Acabo de separarme de Andrés —le he dicho—. Señor Letourneur, tiene usted un hijo muy bueno, inteligente e instruido.
—SÃ, señor Kazallon —responde el señor Letourneur, cuyos labios bosquejan una sonrisa—; es un alma hermosa encerrada en un cuerpo miserable, el alma de su pobre madre, muerta al darlo a luz.
—Le ama a usted mucho.
—¡Pobre hijo mÃo! —balbucea el señor Letourneur, inclinando la cabeza—. ¡Ah! —Agrega después—. No puede comprender lo que padece un padre al ver a su hijo enfermo… enfermo de nacimiento.