El Chancellor
El Chancellor El día 19, el calor fue excesivo. No hay una nube en el cielo. La brisa no puede hinchar la vela, y la balsa queda sin movimiento. Algunos marineros se sumergieron en el mar, y este baño les proporcionó un alivio verdadero disminuyendo la sed que les quema. Más el peligro es grande al aventurarse bajo estas aguas infestadas de tiburones, y ninguno de nosotros sigue el ejemplo de estos imprudentes. ¿Quién sabe sin embargo si más tarde, intentaremos imitarlos? Al ver la balsa inmóvil, las anchas ondulaciones del océano sin una arruga, la vela inerte sobre el mástil, ¿no presagian tal vez que esta situación se prolongue?