El Chancellor
El Chancellor —¿Tiene miedo de la tormenta, señorita Herbey? Le pregunta Andrés Letourneur a la joven chica. No, señor, responde la señorita Herbey, el sentimiento que experimento es más bien de respeto que de miedo. ¿No es uno de los fenómenos más bellos que pudiéramos admirar? Tiene mucha razón, señorita Herbey, repite Andrés Letourneur, sobre todo cuando ruge el estruendo del trueno. El oÃdo no puede oÃr un ruido más majestuoso, ¿que son, al lado, las detonaciones de la artillerÃa, estos estruendos secos y sin ecos? El trueno llena el alma, y es más bien un sonido que un ruido, un sonido que se amplia y disminuye como la nota obligada de un tenor. Y, para decirle la verdad, señorita Herbey, la voz de un artista jamás me emocionó como esta grandeza incomparable de la voz de la naturaleza.
—Voz de bajo profundo, digo riéndome.