El Chancellor
El Chancellor —¡En efecto, responde Andrés, y quiera Dios que podamos oÃrlo dentro de poco, porque estos relámpagos sin truenos son monótonos! ¡Que ideas, mi querido Andrés! RespondÃ. Afrontemos la tormenta, si viene, pero no la deseemos. ¡Sin embargo! ¡La tormenta, es el viento que nos falta! ¡Y agua, sin duda, añade la señorita Herbey, el agua que tan poca poseemos! No me faltarÃa que responder a estos jóvenes imprudentes, más no quiero mezclar mi triste prosa a su poesÃa. Contemplan la tormenta bajo un punto de vista especial, y, durante una hora, los oigo devanear invocando al huracán con todo el ardor de sus deseos.