El Chancellor
El Chancellor El consuelo que han tenido nuestros ánimos nos induce a hablar nuevamente de lo pasado.
Los Letourneur, Falsten, el capitán y yo, recordamos los hechos ocurridos desde el naufragio, los compañeros que han desaparecido, los detalles del incendio, el momento en que encalló el buque, el arrecife de la Roca del Jamón, la vÃa de agua, la espantosa navegación sobre las gavias, la balsa, la tempestad, todos los incidentes que ya nos parecen lejanos. SÃ: todo eso ha pasado y aún estamos vivos.
¡Vivimos! ¿Pero se puede llamar vida a esto? De veintiocho que éramos, hemos quedado catorce y pronto quizá no seremos sino trece.
—¡Mal número! —Exclama el joven Letourneur—. Nos costará trabajo encontrar uno que haga el catorce.
Durante la noche del 8 al 9 el contramaestre ha vuelto a colocar las cañas a popa de la balsa y ha permanecido vigilándolas, negándose a confiar este cuidado a nadie.
Al despuntar el dÃa, sus ojos ardientes tratan de penetrar la oscuridad de las aguas.
Me aproximo a él; pero no me oye ni me ve llegar.
Le toco con suavidad en el hombro y se vuelve hacia mÃ.
—¿Qué hay, contramaestre?