El Chancellor
El Chancellor Se amontonan algunas tablas a proa y se les prende fuego, no sin trabajo, porque están húmedas; pero la humedad hará el humo más espeso y, por consiguiente, más visible, una columna negruzca elévase en lÃnea recta un momento después en el aire. Si fuera de noche, si la oscuridad llegara antes que el bergantÃn hubiera desaparecido, las llamas de nuestra hoguera serÃan visibles aun a la distancia que nos separa de él; pero el tiempo pasa y el fuego se extingue.
Para someterse a la voluntad divina en tales circunstancias, es preciso un poder sobre sà mismo que a mà me falta en este momento.
No quiero ver nada, me oculto debajo de la vela y empiezo a sollozar.
Mientras tanto el buque ha tomado otras amuras, se aleja lentamente hacia el Este y, al cabo de tres horas, la vista más perspicaz no puede descubrir sus altas velas por encima del horizonte.