El Chancellor
El Chancellor —Ése es el archipiélago encantado —dice Andrés Letourneur—, el grupo pintoresco que un poeta, Tomás Moore, ha celebrado en sus odas. Ya en 1643 el desterrado Walter lo describió con entusiasmo y, si no me engaño, las señoras inglesas, durante algún tiempo, no quisieron llevar otros sombreros que los que se hacÃan con ciertas fibras obtenidas de las palmeras de las Bermudas.
—Tiene usted razón, mi querido Andrés —he respondido—. El archipiélago de las Bermudas estuvo muy de moda en el siglo XVII; pero ahora ha caÃdo en el más completo olvido.
—Amigo Andrés —agrega Roberto Kurtis—, los poetas que hablan con entusiasmo de este archipiélago no están de acuerdo con los marinos, porque esas islas cuyo aspecto les ha seducido, son difÃcilmente abordables para los buques, y los escollos, a dos o tres leguas de tierra, forman un cinturón semicircular sumergido bajo las aguas, al que temen mucho los navegantes Añadiré que la serenidad del cielo, que tanto ensalzan los indÃgenas de esas islas, se ve turbada frecuentemente por los huracanes. El archipiélago recibe el coletazo de las tempestades que devastan las Antillas, coletazo que, como el de una ballena, es sumamente temible, por lo que no aconsejarÃa yo a los que navegan que dieran mucho crédito a las relaciones de Walter ni de Tomás Moore.