El Chancellor
El Chancellor El sudor empapa los harapos que nos cubren, y esta transpiración acrecienta nuestra sed.
No, no puedo expresar lo que sufro, porque me faltan palabras para dar idea de estos dolores sobrehumanos. El único medio de refrescarnos que hemos podido emplear algunas veces nos está vedado ahora, porque desde la muerte de Jynxtrop los tiburones, que llegan por bandadas, rodean la balsa, y nadie piensa en bañarse.
He tratado de proporcionarme agua potable haciendo evaporar el agua del mar; pero, a pesar de mi paciencia, apenas consigo humedecer un pedazo de lienzo. Además, la caldera, que está muy usada, no ha podido resistir al fuego, se ha hendido y ha sido necesario abandonar la operación.
El ingeniero Falsten se encuentra ya casi aniquilado y no nos sobrevivirá sino muy pocos dÃas. Cuando levanto la cabeza, ya no le veo. ¿Se ha tendido bajo las velas?, ¿está muerto? Sólo el enérgico capitán Kurtis está de pie a proa, sin cesar de examinar la superficie del mar. ¡TodavÃa tiene esperanza!
Yo voy a tenderme a popa, donde esperaré la muerte, y cuanto más pronto venga será mejor.
Ignoro cuantas horas han transcurrido… De repente oigo reÃr a grandes carcajadas. Sin duda, alguno de nosotros se ha vuelto loco.