El Chancellor
El Chancellor Mis compañeros de viaje, a quienes el segundo nada ha dicho, ignoran que llevamos un rumbo absolutamente inexplicable. Inglaterra está al Nordeste y nosotros corremos hacia el Sudoeste. Roberto Kurtis no comprende la obstinación del capitán, que, por lo menos, deberÃa cambiar sus amuras, y haciendo rumbo al Noroeste, de nuevo tomar las corrientes favorables. Por lo contrario, desde que el viento ha saltado al Nordeste, el Chancellor se inclina cada vez más al Sur.
Encontrándome aquel dÃa en la toldilla solo con Roberto Kurtis, le pregunto:
—¿Ha perdido el juicio el capitán?
—Eso pregunto yo también, señor Kazallon —contesta Roberto Kurtis—; usted debe saberlo, puesto que lo ha observado ya atentamente.
—No sé qué responder, señor Kurtis; pero confieso que su singular fisonomÃa, sus ojos extraviados… ¿Ha navegado usted ya otra vez con él?
—No, ésta es la primera vez.
—¿Y le ha advertido usted de nuevo que no llevamos buen rumbo?
—SÃ; pero me ha respondido que estamos en buen camino.
—Señor Kurtis, ¿y qué opinan el teniente Walter y el contramaestre de su conducta?
—Lo mismo que yo.