El Chancellor
El Chancellor HE BEBIDO. — MIS GRITOS. — AÚN ES TIEMPO. — CESÓ LA LUCHA. — ¿DÓNDE ESTAMOS? — TIERRA
ContinuaciĂłn del 27 de enero.
BEBO con avidez y renazco a la vida, que vuelve a entrar en mĂ. Ya no quiero morir y doy gracias a Dios por haberme salvado.
Grito, y tengo la suerte de ser oĂdo. Roberto Kurtis me arroja una cuerda que recojo; me levanto y vuelvo a caer sobre la plataforma de la balsa, donde me apresuro a decir:
—El agua es dulce.
—¡El agua es dulce! —Grita Roberto Kurtis—, la tierra está muy cerca.

TodavĂa es tiempo; el asesinato no se ha perpetuado aĂşn.
La vĂctima no ha podido ser herida porque Roberto Kurtis y AndrĂ©s han luchado contra los canĂbales, y, en el momento en que iban a sucumbir, se ha oĂdo mi voz, que ha suspendido la lucha.
Las palabras «el agua es dulce», repetidas por mĂ, resuenan por todas partes, y para acabar de convencer a todos me inclino fuera de la balsa y bebo con avidez, a grandes tragos.