El Chancellor
El Chancellor El dÃa debe ser hermoso, porque el sol, al salir, brilla con intensidad y el aire es bastante seco, lo cual es buen presagio. Vese también, por encima del horizonte opuesto, el disco de la luna no completo, y que no se pondrá antes de las diez y cincuenta y siete de la mañana. Dentro de tres dÃas entrará el cuarto menguante, y el 24 será luna nueva. Según mi calendario, ese dÃa tendremos una hermosa marea de sicigia; pero esto nos importa poco a nosotros, que, encontrándonos en pleno océano, no podemos ver los efectos de esa marea. En todas las costas de los continentes y de las islas el fenómeno será curioso, porque la luna nueva levantará las masas de agua a una altura grandÃsima.
Como los Letourneur han bajado a tomar el té, me quedo solo en la toldilla, adonde espero al segundo del buque.
A las ocho, Roberto Kurtis viene a hacer su cuarto, relevando al teniente Walter, y yo me apresuro a estrecharle la mano. Antes de saludarme, Roberto Kurtis dirige una rápida mirada al puente del buque y arruga ligeramente el entrecejo. Después examina el cielo y el velamen del buque.
Acercándose luego al teniente Walter, pregunta:
—¿Dónde está el capitán Huntly?
—No lo he visto aún.
—¿No ocurre nada nuevo?
—Nada.