El Chancellor
El Chancellor —Quizá —responde Roberto Kurtis—, y eso es precisamente lo que el teniente, el contramaestre y yo vamos a discutir hoy mismo con el capitán. Pero a usted no le ocultaré que he tomado bajo mi responsabilidad el cambio de rumbo, y que ahora corremos viento en popa hacia el Sudoeste, o lo que es lo mismo, hacia la costa.
—¿Desconocen los pasajeros el peligro que les amenaza?
—En absoluto, y ruego a usted que guarde el secreto para que el terror de las mujeres y de la gente pusilánime no dificulte nuestras maniobras. Por eso la tripulación tiene orden de no decir nada.
Comprendiendo las razones graves que hacen proceder de este modo al segundo, le prometo solemnemente guardar absoluto silencio respecto a lo que me acaba de revelar.