El Chancellor
El Chancellor Sólo el señor Letourneur ha parecido sorprenderse, al observar que la tripulación se entrega a una limpieza poco común en los buques mercantes, y me hace algunas observaciones respecto al particular, a las que respondo con indiferencia. Sin embargo, como este francés es hombre enérgico, podría sin inconveniente revelárselo todo, pero he prometido a Roberto Kurtis guardar secreto y me callo.
Después, cuando reflexiono acerca de las consecuencias de la catástrofe que puede producirse en el momento más inesperado, se me oprime el corazón, porque a bordo hay veintiocho personas, todas las cuales podemos ser pasto de las llamas.
Hoy han conferenciado el capitán, el segundo, el teniente y el contramaestre, y de esta conferencia depende la salvación del Chancellor, de los pasajeros y de la tripulación.
Roberto Kurtis me ha notificado la resolución adoptada. El capitán Huntly ha perdido por completo el juicio, lo que era fácil prever, y no tiene serenidad ni energía, por lo que ha dejado el mando del buque a Roberto Kurtis. El progreso del incendio en el interior del buque es ya indiscutible, siendo difícil permanecer a proa. Evidentemente, no se puede dominar el incendio y tarde o temprano estallará con su máxima violencia.