El Chancellor
El Chancellor —Eso es absurdo —dijo Falsten—; ¡no puede cometerse mayor imprudencia!
—Bah —respondió Ruby en tono indiferente—, no ocurrirá nada.
—Por el contrario, pueden ocurrir grandes desgracias —repuso el ingeniero.
—¡Quiá! Lo he hecho ya otras veces.
—¿Por qué no ha avisado usted al capitán?
—Porque se habrÃa negado a traer a bordo mi caja.
Y, como el viento arreciara en aquel momento, no pude oÃr más; pero el ingeniero continuaba insistiendo mientras Ruby se encogÃa de hombros con indiferencia.
Después pude oÃr las siguientes palabras:
—SÃ, sà —dijo Falsten—; es preciso advertir al capitán; es preciso arrojar esa caja al mar; no quiero volar por los aires.
Al oÃr esto, me pongo en pie, de un salto. ¿Qué quiere decir el ingeniero? ¿A qué alude? Puesto que desconoce la situación del Chancellor, debe ignorar también que el cargamento es presa de las llamas.
Pero sus palabras, palabras espantosas en las circunstancias actuales, me sobresaltaron de un modo extraordinario. La frase es picrato de potasa, que se repite con frecuencia en la conversación.