El Chancellor
El Chancellor —No, señor Kazallon —responde Roberto Kurtis—, no he olvidado nada; pero ese es un detalle del que prescindo. ¿Y por qué no habÃa de prescindir? ¿Puedo ir a buscar esa sustancia entre el cargamento incendiado y en una bodega donde es peligroso dejar que penetre el aire? No, no quiero pensar en eso. ¿No es cierto que el picrato puede producir efecto en el momento menos pensado? Pues bien, o el fuego llega o no llega a inflamarlo, y, por consiguiente, esa circunstancia de que usted habla no existe para mÃ: es asunto de Dios y no mÃo evitar esa catástrofe suprema.
Roberto Kurtis ha pronunciado estas palabras con tono grave y todos inclinamos la cabeza sin responder. Dado el estado del mar, la fuga inmediata es imposible, y, por consiguiente, como dice Kurtis, hay que prescindir de esa circunstancia.
—La explosión no es necesaria, dirÃa un formalista, sólo es contingente.
Esta observación la hace el ingeniero con la mayor tranquilidad del mundo.
—Deseo que conteste a una pregunta, señor Falsten —digo—, y es la siguiente: ¿El picrato de potasa puede inflamarse sin haber choque?
—Ciertamente —responde el ingeniero—. En condiciones ordinarias el picrato no es más inflamable que la pólvora común, pero lo es tanto como ella, y, por lo tanto…