El Chancellor
El Chancellor APARECEN, al fin, los primeros resplandores de la mañana blanqueando el horizonte; pero las brumas del mar impiden ver muy lejos. Hasta ahora no se distingue tierra alguna, y, sin embargo, nuestros ojos registran con impaciencia toda la parte occidental y meridional del océano. En este momento el mar se ha retirado casi por completo y no hay seis pies de agua alrededor del buque, que cala unos quince en plena carga. Algunas puntas de roca sobresalen acá y allá, y por ciertos colores del fondo adivínase que el escollo está compuesto de rocas basálticas. ¿Cómo ha podido el Chancellor ser trasladado tan adentro del arrecife? Necesariamente lo ha levantado una ola enorme, y eso es sin duda lo que yo sentía momentos antes de encallar. Por esta razón, después de haber examinado la línea de rocas que lo rodean, me pregunto si será fácil, o, a lo menos, posible, sacarlo del sitio en que se encuentra. Está inclinado de popa a proa, lo que hace muy difícil la marcha por el puente, y, además, a medida que el nivel del océano desciende, se inclina más a babor. Roberto Kurtis ha llegado a temer que zozobrara en la bajamar; pero su inclinación se ha fijado al fin inmediatamente, y no hay nada que temer respecto a este punto.