El Chancellor
El Chancellor Para efectuar estas primeras operaciones no ha habido necesidad de pedir auxilio a los pasajeros, aunque todos estamos dispuestos a ofrecer nuestros brazos, cuya fuerza no es de despreciar cuando se proceda a la descarga del buque, porque la tripulación es suficiente para manejar las bombas, y mientras tanto los Letourneur y yo ocupamos el tiempo en hablar, o en leer, dedicando yo, además, algunas horas a redactar este Diario. El ingeniero Falsten, poco comunicativo, se absorbe en sus cálculos o traza croquis de máquinas con plano, corte y alzada. ¡Quiera Dios que invente algún aparato poderoso para poner a flote el Chancellor! Los Kear se mantienen alejados de todos evitándonos el fastidio de oír sus recriminaciones incesantes, y como la señorita Herbey permanece al lado de ellos, la vemos muy poco. Sila Huntly no interviene para nada en las operaciones del buque; el marino no existe en él y el hombre apenas si vegeta. El mayordomo Hobbart presta su servicio habitual como sí el buque estuviera en curso regular de navegación. Es un personaje obsequioso, disimulado, generalmente en desacuerdo con su cocinero Jynxtrop, negro de mala catadura, de aire brutal e imprudente, que se entiende con el resto de la tripulación más de lo conveniente.