El conde de Chanteleine
El conde de Chanteleine En efecto, un momento después recobró María el sentido, y abrió sus hermosos ojos derramando abundantes lágrimas. Cuando su llanto mitigó la acerba pena que sentía, se tranquilizó al parecer, y entonces pudo el conde interrogarla:
—Pero ¿qué milagro ha podido arrancarte de las garras de la muerte? —preguntó Chanteleine, no pudiendo dar crédito a lo que le estaba pasando.
—Lo ignoro, padre mío; sólo recuerdo que fui arrastrada hacia el cadalso; que vi delante de mis ojos aquel horrible instrumento de muerte; después, un denso velo cubrió mis ojos; caí desfallecida, y desde entonces dejé de ver y de oír; más tarde recobré los sentidos, y, sin saber cómo, me hallé en este sitio.
Al oír aquellas palabras se volvió Chanteleine al dueño de la casa, y le dijo:
—Hablad, señor de Trégolan; referidnos por piedad cómo ha ocurrido todo esto.