El conde de Chanteleine
El conde de Chanteleine Asà se pasó la noche. Kernan vigilaba sin descanso, y de vez en cuando rondaba por las avenidas del bosque para prevenir toda sorpresa; pero afortunadamente llegó el dÃa sin que hubiese sobrevenido ningún contratiempo.
Aquellas pocas horas de sueño y de reposo habÃan reanimado algún tanto a la pobre MarÃa, la cual se sintió con fuerzas suficientes para emprender de nuevo la marcha. Se apoyó en el brazo de su padre y se pusieron en camino a las ocho de la mañana.
A las nueve, Kernan, que servÃa de guÃa a sus amos, se apartó del camino de Audierne al pasar frente a la aldea de Plouaré, y media hora más tarde, la pequeña comitiva llegaba a Douarnenez, desde donde se encaminó directamente Trégolan, seguido de sus amigos, a la cabaña del viejo pescador.