El conde de Chanteleine
El conde de Chanteleine —¡Bravo! ¡Bravo!… —exclamó Kernan lleno de regocijo—. Esto va perfectamente y me augura dÃas más dichosos, pues ya se aproxima el fin del fin… ¡Ah! Señor de Trégolan, ¿no es cierto que vos la amaréis como ella se merece?
—SÃ, mi buen tÃo —contestó el caballero, arrojándose en brazos del bretón y estrechándole con fuerza contra su pecho.
Sin embargo, aún transcurrió un mes largo sin que el conde volviese a hablar del misterioso sacerdote. ¿Le habÃa visto? Henry apenas se atrevÃa a informarse de ello; pero una noche, el conde de Chanteleine anunció a su hija que su casamiento se celebrarÃa el dÃa 13 de julio en las grutas de Morgat.
HabÃa, pues, que aguardar todavÃa tres semanas, que fueron para los amantes tres siglos de prueba; pero se vieron obligados a resignarse y a esperar.
El tiempo que conduce a la dicha parece siempre demasiado largo, y, con todo, es el que marcha más deprisa.
Todos se ocupaban en la cabaña de Locmaillé en hacer mil pequeños preparativos. Kernan se empeñó en que MarÃa estuviese muy bella con su traje de boda, y gastó algunos escudos viejos en comprarle, ya una cinta, ya una guirnalda de flores, ya una toca primorosa.